lunes, 28 de noviembre de 2016

#EnPrimeurEnMrWines (2ª Parte: Comunicación y Encuesta)


La comunicación

El hashtag que antecede al nombre del evento tiene que ver con los utilizados en la red social Twitter al momento de hacer una mención sobre algo relacionado a determinado tema, y también puede ser usado para realizar una búsqueda sobre éste. Estimo que aproximadamente entre el 70 y el 80% de quienes participaron de #EnPrimeurEnMrWines utilizaron esta red social para compartir su experiencia. A continuación, una estadística que refleja datos relacionados a la cantidad de menciones utilizando el hashtag.




La siguiente imagen grafica la captura de momentos en el que el #EnPrimeurEnMrWines fue trending topic en Twitter.





Los usuarios que más utilizaron el #EnPrimeurEnMrWines para comunicar su experiencia fueron éstos:


En una población con una paleta amplia de consumidores de vinos, es relativamente muy bajo el porcentaje que consume etiquetas de alta gama. Dentro de ese grupo mucho menor es el que está dispuesto a tomar vinos crudos (sin terminar) y que aún no están disponibles a la venta. Si cruzo este dato con que la gente que utiliza Twitter es ínfima relacionada con el total de los consumidores de vinos, podemos llegar a la conclusión de que la repercusión obtenida por #EnPrimeurEnMrWines es bastante alta, sobre todo sabiendo que es un impacto genuino y no producto de una campaña publicitaria.

Hay un nicho de consumidores inquietos por crecer como tal, que intentan ir a la par y no perderle pisada al crecimiento de nuestra vinicultura; que utilizan Internet para informarse y las diversas redes sociales para estar a la vanguardia o enterados al minuto de todas las novedades. De igual manera que la usan para nutrirse de información, lo hacen para compartir cuando consideran que su aporte puede ser útil a un par. De este modo, se genera un ida y vuelta natural en el que absorber y aportar termina siendo un código o una norma de respeto.

Sabemos que los vinos que acostumbramos a tomar y contar son especiales. Mientras los masivos se comunican mediante campañas publicitarias en diversos medios (gráficos, TV, Internet), los que nos convocan a nosotros son muy diferentes. Somos conscientes de que es fundamental un trato más personal al comunicarlos: más allá de lo que ofrece el vino en la degustación, debemos acercar al consumidor a una nueva dimensión, que tiene que ver con el conocimiento más a fondo, y que hace que el consumidor se involucre de tal manera que su disfrute sea especial. De hecho, muchas veces la decisión de comprar una etiqueta tiene que ver, para algunos, con la historia que ésta tiene detrás; un valor agregado que marca la diferencia con aquel millar de botellas que están en una góndola, que pueden ser tentadoras en precio y en imagen, pero no cuentan esa historia.

Recibir novedades, información e historias, así como compartir experiencias son todas acciones que podemos efectuar en Twitter, ese ámbito virtual donde las distancias, los tiempos y las posibilidades económicas no son obstáculos para que se generen lazos. No hace muchos años estos lazos eran impensados, como también era impensado compartir en tiempo real el disfrute de un vino con su propio hacedor. Entre personas todo lazo es más fuerte, porque juegan la emoción, la sensibilidad, el compromiso y el ser parte, haciendo casi posible lo imposible.
No me alcanzaría la vida para juntarme con los miles de usuarios de Twitter a probar botellas, pero con muchos ya me puedo sentir muy cerca, por el simple hecho de tener en común algo tan importante para mí y para ellos como es la pasión por el vino. Por supuesto que nada es como estar en persona, pero para la comunicación o para cuando no es posible ese acercamiento real, creo que generar esta conexión personal que nos facilitan las redes sociales es algo que debemos aprovechar; sobre todo porque, además, cuentan con el potencial de la difusión y multiplicación instantánea, aunque no sea precisamente el vino un tema que tienda a viralizarse con facilidad. Sin embargo, observando la propia experiencia de #EnPrimeurEnMrWines, y si se tiene en cuenta que el evento fue organizado por una vinoteca unipersonal, producto de su repercusión, fueron muchos los que pudieron seguirlo en tiempo real durante diez horas a través de imágenes, información y opinión. Las pruebas y estadísticas están a la vista, con resultados mucho más que satisfactorios.

La siguiente encuesta fue respondida por quienes asistieron a #EnPrimeurEnMrWines; de un total de 85/90 personas que participaron de la mini feria, aproximadamente un 30% accedió a contestarla. Observando los porcentajes en cada respuesta, y luego de haber sido partícipe del evento, considero que los resultados son lógicos y criteriosos.




 Ver la encuesta on line


sábado, 19 de noviembre de 2016

#EnPrimeurEnMrWines #Cosecha2016 (1ª Parte)


Quienes somos fanáticos del vino solemos caracterizarnos por esa constante inquietud de conocer e interiorizarnos cada vez más acerca de lo que bebemos. Cuando compramos y probamos un vino, nos gusta imaginarnos cómo será su vida en el tiempo, si debemos seguir guardándolo o no, su potencial, entre otras cuestiones. Adelantarnos a lo nuevo y tener la posibilidad de probar en anticipo aquello que aún no salió nos lleva a imaginar lo que vendrá; a la vez que alimenta nuestras expectativas, también le suma experiencia a nuestro conocimiento. Para crecer como consumidores de vinos, las “horas de vuelo” que pasamos degustando son tan o más importantes que la teoría.
Por ello mismo, con las intenciones de ver qué nos ofrecerán los vinos de la cosecha 2016, hace algunas semanas realizamos #EnPrimeurEnMrWines, una mini-feria donde diferentes productores de nuestro país acercaron más de cuarenta muestras de vinos, de los cuales, excepto uno, ninguno estaba a la venta aún. Lógicamente, todos se encontraban en diferentes instancias de su elaboración o crianza: mientras algunos estaban ya casi listos, a buena parte le faltaba al menos un año

Fusionando mi rol de organizador del #EnPrimeurEnMrWines, y otro poco como uno de los más de ochenta degustadores que se acercaron durante el transcurso de todo un sábado a probar cada una de esas primicias, trataré de compartirles mi experiencia del evento junto a algunas conclusiones personales. En una segunda parte de la nota, estarán los resultados de una encuesta realizada con multiple choise, que respondieron el 35% de los participantes, y cuál fue el impacto en Twitter, la red social que utilizo para comunicar buena parte de mis actividades relacionadas al vino.
A pesar de que los productores suelen ser algo reacios a mostrar los productos sin terminar, fueron dieciocho los que aceptaron la propuesta. Al mismo tiempo, los consumidores que participaron de la degustación también eran conscientes de que se encontrarían con vinos que, en su mayoría, estarían –como suele decirse– “crudos”. Sin embargo, creo que las expectativas de los consumidores fueron superadas, porque hubo bastante, bueno y, sobre todo, bien variado.



Mi pedido original a los productores fue que, además de vinos del año, aprovecharan esta oportunidad si tenían algo nuevo o diferente para compartir. La respuesta fue excelente: no faltaron las zonas nuevas, las cepas no tradicionales, los vinos base para espumoso, blends poco habituales, jóvenes “a punto de salir a la cancha”, alta gama que verá la góndola no antes de los dos años, futuros componentes de etiquetas sin definir; hasta tuvimos la oportunidad de conocer un proyecto nuevo que aprovechó el evento para mostrarse en exclusiva.
Algunas impresiones propias
En líneas generales, todos los vinos me dejaron muy conforme con respecto a su calidad. La variedad que les detallé colaboró a que el evento sea sumamente entretenido en cuanto a diversidad.
Cada vez más productores apuestan a otras cepas: nebbiolo, garnacha, roussanne, marsanne, chenin. Lo más llamativo fue que, además, los concurrentes las estaban esperando de una manera especial. Cada vez se genera mayor expectativa ante lo nuevo o poco conocido.



Poco a poco más productores “le ponen fichas” al petit verdot como varietal. Casualmente –o no–, los tres que tuvimos oportunidad de probar fueron con muy buenos resultados. De cosechas anteriores ya conocidos, eran el de Gauchezco y el Natal de Alpamanta. Ahora se sumó uno de Calamaco, aún con destino incierto; por su carga, lo imagino componente de algún alta gama, aunque podría salir así “puro” tranquilamente; personalmente me gustó.
Cada vez más productores se entusiasman con la parte alta de San Pablo(1.450 msnm), aportando otros matices a lo que ya conocemos que nos entregan los vinos de las diferentes regiones del Valle de Uco  (Mendoza). Seba Zuccardi y Ariel Angelini, dos enamorados de esa zona, nos acercaron sus respectivos malbec: perfumados y sutiles en nariz, filosos en boca, y sumamente representativos del frío extremo del lugar, del cual ambos hacen hincapié en su potencial.
En un escenario de consumidores inquietos, los blancos siguen ganando protagonismo. Fueron muchos los enófilos que se acercaron al evento para probar primicias como Geisha de Jade, Revancha Chenin o el nuevo semillon de “Juanfa” Suarez. No fueron menores las ganas de probar las nuevas añadas de los ya conocidos Mendel Semillon, El Relator SB o el Bacán Reserva SB. Efectivamente, los buenos resultados a los que nos tienen acostumbrados sus añadas anteriores generaron expectativas extras en esta 2016. 

Otras de las sorpresas fue la base de chardonnay que presentó para un futuro espumante la gente de Tajungapul, de haber estado embotellada para la venta, nunca llegaría a convertirse en “burbuja”, ya que para la mayoría resultó una delicia tal como se encontraba; sutilezas, frescura, tensión, de menor ancho y más lineales en boca, mayor proyección o capacidad de guarda, fueron algunos de los atributos destacados en la mayoría de los mencionados.


Gualtallary participó con varios exponentes en el #EnPrimeurEnMrWines. Algunas de las vinificaciones fueron aportadas por el “Japo” Mauricio Vegetti; quien presentó, entre otros, diversos malbec, un “chardo” y un cabernet sauvignon, mientras destacaba que para él este año la zona fue de lo mejor, y sus muestras lo confirmaban. Del mismo lugar, también participó un Appellation Malbec de Las Hormigas, que claramente sigue profundizando cada vez más en la búsqueda del terroir. Es en la boca donde más habla el vino, y más allá de los aromas, lo expresa a través de sus texturas en el paso. En lo personal, vuelvo a confirmar a Gualtallary como una de esas zonas que tienen un extra para entregar y muchas veces marcar la diferencia. En este sentido, el productor no debe desaprovechar la oportunidad de dejarlo expuesto; el “Japo” y “Leo” Erazo, cada uno a su manera, evidentemente trabajan para ello.
Los blends siguen ofreciendo su atractivo. Los hubo en diferentes categorías, y supieron salirse de lo tradicional, además de gustar: co-fermentación syrah/ancellota de Los Toneles, por Pablo Bassin; y un Sy/CS/CF/PV también co-fermentado pero esta vez en barrica y por  Juan Ubaldini para El Equilibrista Wines, también anduvo muy bien.
Desde hace algunos años los vinos del Valle de Uco parecieran ser siempre los que se llevan más elogios. En una opinión personal, creo que algunos vinos de otras zonas cuando más los disfruto es cuanto más desnudos los encuentro. En este evento me ocurrió eso con los de la línea Natal de Alpamanta, con el bonarda de Agrelo que aportó Rogelio Rabino (Kaiken), con el malbec de Mayor Drummond, de Roberto de la Mota. Estos últimos tuvieron el plus de ser viejas viñas orgánicas, un valor agregado que se percibe, y está bueno dejarlo al descubierto para que se aprecie mejor.
Fue grato descubrir el potencial de nuevos lugares como Uspallata, donde el “Colo” Sejanovich sacó su primer malbec, con unos tonos aromáticos bastantes diferentes a cualquier par de altura mendocino. Seguramente hará mucho ruido cuando salga al mercado, porque lo hizo la tarde del evento. Si la primera añada es así, me imagino dentro de 10 años a esta nueva zona figurando entre las más mimadas. Además, me confirma lo bien recibidos que son los vinos cuando tienen un diferencial que los caracterice.
Resalto los fines educativos de algunas presentaciones. Entre ellas, las de los tres malbec de Gualtallary que nos acercó el “Gato” Martín Kaiser (Doña Paula). El “Gato” nos mostró las diferencias entre tres vinos vinificados bajo idéntico protocolo de elaboración, con uva de la misma zona, pero proveniente de diversos sectores del suelo con diferente composición (arenoso profundo, pedregoso c/calcáreo, pedregoso s/calcáreo). Resultó interesante apreciar esas diferencias, más en boca que en nariz, sobre todo a través de los diferentes tamaños de “granos de taninos” en cada uno de los casos.



Por su parte, el “Japo” también mostró la diferencia en un vino que proviene de una selección de parcela de Gualtallary, y uno que no, pero de la misma zona. Allí se ve claramente cómo un trabajo sobre un sector seleccionado y enfocado puede lograr resultados muchos más ambiciosos, y también se ratifica que los saltos cualitativos se deben gestar desde el trabajo en la viña.



Tampoco faltaron los vinos de bajo precio, que no dejaron de sorprendernos. Hago referencia a los
Impaciente de los hermanos Battilana, sobre todo al cabernet sauvignon; si yo no lo informaba, ninguno de los presentes hubiera imaginado que su costo sería inferior a $ 100 al público. Parecería que en este segmento sólo pueden competir los grandes con volumen; pues bien, acá hay uno que rompe la regla y sin necesidad de “maquillaje”.
“Edy” del Popolo (Susana Balbo Wines) fue quien acercó dos de los vinos más ambiciosos de la tarde. Ambos son blend que posiblemente necesitarán más tiempo en bodega antes de salir al mercado, pero ya dejan esa sensación de “lógica potencia”, integrada de tal manera que parecen “alfombrarte el paladar” cuando pasan por boca. Esta virtud de potencia, aunque dentro de un guante de seda, es algo que comienzo a percibir en algunas bodegas más frecuentemente: todo es producto del trabajo en viña y de las prácticas en la elaboración. Esto termina de confirmar que los alta gama nacen allí, y no como exclusivo producto de la crianza en barrica, como ocurría hace algunos años atrás.
El cabernet franc cada vez suma más seguidores. Fue una etiqueta debutante la encargada de cosechar más elogios; se trató de un proyecto nuevo llamado Tordos, un franc que proviene de los Valles Calchaquíes y se elaboró bajo la mirada de “Paco” Puga (ex Amalaya, actual El Porvenir). Tordos es un proyecto del cual ya conozco la mayoría de sus vinos y confío que les va a ir muy bien. A esto se suma que los fanáticos de la variedad van en crecimiento, y esto ya no es una moda. Además, el atractivo que sea proveniente de los Valles Calchaquíes le agrega un plus.



Viendo un poco la experiencia del #EnPrimeurEnMrWines #Cosecha2016, todo me asegura que de aquí en adelante siempre será crecimiento en todo aspecto; y lo digo más allá de la marcha climática o el escenario económico que pueda haber cada año. De hecho, sabemos que las condiciones estuvieron lejos de ser las ideales. Sin embargo, este pequeño muestreo nos indica que con trabajo, tiempo, más trabajo y experiencia, vamos a llevar al vino argentino al lugar que merece y tanto soñamos.




jueves, 29 de septiembre de 2016

"Morelli, pequeño proyecto y sueños en crecimiento"


Esta nota forma parte de la movida llevada en conjunto con Argentina Wine Bloggers bajo la consigna: #AWBPresenta a... Se difundirá vía redes sociales TW, FB y tiene como objetivo darle espacio a nuevos y pequeños productores.


Hace aproximadamente cuatro años, cenando en Parrilla Don Julio junto a algunos productores de vinos, colegas y otros amigos, Matías Michelini acercó a la mesa un vino para probar, sólo indicó que se trataba de un bonarda y lo dio a degustar a ciegas. Si bien estábamos casi terminando de comer, tras una intensa jornada de cata —sabrán a qué me refiero—, aquel bonarda dejó una muy buena impresión entre los presentes. Después Matías aclaró que era el vino de “El Cristian”, haciendo referencia a Cristian Morelli, quien en ese momento trabajaba en Bodega Zorzal junto a él y su hermano Juampi Michelini. Hoy no es algo común, y hace algunos años mucho menos aún, que un bodeguero se ocupe de compartir con orgullo el vino que elabora la persona que trabajaba para él.
Por supuesto, a partir de ese momento empecé a estar atento a todas las elaboraciones de Cristian, desde aquel bonarda 2011 que pronto salió a la venta con la etiqueta Caliche, y todo lo que se fue sumando a medida que transcurrieron los años. En la actualidad el bonarda ya va por su tercera añada; recientemente se le agregó un blend a la línea Caliche, y algo más arriba se sumó la línea Refrán, que ya cuenta con dos añadas de malbec: dos de cabernet franc y dos de un blend blanco muy interesante y particular, al menos para mí.

Soy de los que piensan que conocer y charlar con los productores colabora a interpretar mejor cada uno de sus vinos. Sin embargo, aunque no había podido tener contacto con Cristian, sus vinos siempre me engancharon mucho desde el primer momento que los probé. Él nunca había venido a Buenos Aires a presentarlos, y de mis viajes a Mendoza recién en mayo pasado pude compartir apenas unos minutos con él cuando visitamos “La Milonguita” en el #MrWinesTour.




“La Milonguita” es la bodega donde Andrea Muffato y Gerardo Michelini elaboran actualmente Gen del Alma, y bajo ese mismo techo van creciendo varios pequeños proyectos más, entre ellos “Morelli Vinos de Cava”, así se llama el proyecto de Cristian. “La Milonguita” está ubicada en El Peral, lugar donde se desempeñó Cristian desde que nació esta nueva casa en febrero de 2016, trabajando día a día junto a Gerardo y Andrea, tanto en la bodega como en los viñedos, y con quienes por lo que me comentó evidentemente se siente sumamente cómodo.



Con motivo del evento OzonoMDA de Ozono Drinks, a Buenos Aires se acercaron la totalidad de los hacedores de las bodegas que representan; entre ellos estaba Morelli, y esta vuelta tuve más tiempo para la cata, la charla y compartir sus vinos. Es la primera vez que él empieza a tener contacto con quienes en Buenos Aires suelen comprar sus vinos. No deja de mostrarse sorprendido y sobre todo agradecido, si bien le cuesta creer el lugar de reconocimiento al que llegó dentro del circuito de aquellos consumidores que eligen los vinos de pequeñas producciones. Casi sin querer, aclara que cuando elaboró sus primeras botellas del 2011 no tenía intenciones de transformarse en un productor de un proyecto propio, y más lejano aún imaginaba que algún día recibiría tantos elogios, principalmente vía redes sociales, desde diferentes puntos de nuestro país, cuando alguien descorcha algunas de sus cinco etiquetas.




Por el contrario, hoy creo que sus sueños no tienen límite y, como cuenta él, que cuando empieza a volar, son sus tres amores (sus hijas Regina y Angelina, y su mujer Cintia) quienes lo traen y le vuelven a poner los pies sobre la tierra; lo dice entre sonriente y emocionado, como un juego que hoy disfruta junto a sus hijas y seguramente lo alimentará por siempre.

Cuando cuenta sobre sus raíces, termina de cerrarme todo, porque son 100% viñateras: tanto su padre y como su abuelo trabajaron en viña. Recuerda cómo cosechaba de pequeño junto a su abuelo aquellos últimos racimos de bonarda que solían quedar colgados del parral pasada la cosecha, para así luego elaborar el vino para la familia, y cómo pisaban la uva junto a su hermana en el patio de su casa. Dice que nunca olvidará aquellos aromas que, si bien siempre los buscó, tampoco pudo encontrarlos en ningún vino. Ese fue uno de los motivos por el cual eligió al bonarda para su primera elaboración.
En una de las catas que compartí con Cristian junto a otras personas, en el momento de presentarse hizo hincapié en que siempre trata de elaborar con los menos agregados posibles, de la manera más natural, y precisamente no quiere decir ello que deje algo librado al azar. Cuando saco algunas conclusiones luego de probar sus vinos, encuentro esa combinación entre equilibrados, amables, pensados y personales, que pueden fácilmente resultar atractivos para un amplio espectro de consumidores.


Uno de los vinos que más me gusta es la nueva añada 2016 del Blanc de Noir. Escucharlo describir cómo trabajó de modo artesanal cada componente de ese blanco me hace entender el porqué de sus resultados. Éste cuenta con base de chenín, variedad complicada ya por su fácil oxidación, que además combina 20% de un malbec vinificado como blanco; otro mérito es que no dejó el mínimo rastro de color. Lo completa un moscatel algo más maduro, trabajado con pieles para extraer lo máximo para su expresión. La integración de todas las partes es perfecta, y por supuesto un paso por boca fino, integrado, vertical y —sospecho— con interesante futuro.

Repasando el resto de sus vinos, por ejemplo el malbec, si bien hay cientos en ese segmento de precios en el mercado y que muchas veces caen con facilidad en lugares comunes, el Refrán combina fruta de Tupungato y Gualtallary, sin perder frescura y soltura en boca. Posee una atractiva “punta sobremadura” en sus aromas: alguno de los tantos detalles que cuidó, los cuales se perciben y aportan cierta complejidad.




En la presentación que hizo junto a una docena de catadores, el Caliche Bonarda fue uno de los que más elogios recibió. Habiendo probado las tres añadas, fue notable cómo año a año siempre estuvo mejor. Con cada año compensa la disminución de la presencia de los aromas provenientes de la crianza en barrica con más nitidez frutal en su nariz y un paso por boca que igualmente se mantiene firme y vertical; tanto en el malbec como en el bonarda, se vinifican combinando capas de racimo entero y uva despalillada. Otro detalle fue cuanto creció en botella el Refrán Cabernet Franc, lo bien que se integró, muy amable por cierto, pero con esa textura en boca que tanto hace recordar a Altamira, el lugar de origen de su fruta; junto al blanco del principio, mis preferidos. La etiqueta más reciente es el Caliche Blend, que combina malbec, bonarda y pinot. Lo imagino más gastronómico, especialmente para la mesa diaria. Hablando de pinot, trajo en anticipo uno de partida limitada, de sólo 600 botellas, que combina fruta de La Arboleda y Gualtallary, que posee 24 meses de crianza en barricas, y donde los moderados tonos que aportan ambas frutas están perfectamente integrados a la suavidad del pinot. Asoma otro vino que dará que hablar.



Tal como les comenté anteriormente, en el #MrWinesTour una de las visitas fue a “La Milonguita”. Allí nuestro compañero de viaje, Manuel Berro, tomó la siguiente foto a las manos de Cristian; cuando le preguntamos por qué las tenía así, nos respondió lo siguiente:


“Para aquel que siente pasión, amor por lo que hace, en mi caso el vino, mis manos son herramientas que se impregnan con el mosto de la misma uva, en todo momento de esa creación; se sumergen día tras día en ese cuerpo vivo, tornándose negras, impresentables, rústicas, agrietadas y hasta lastimadas por sus ácidos. En fin, ellas lo trabajan, lo van amansando llenas de orgullo porque son las manos que hacen el vino...”.


Nombre: Cristian Morelli.
Edad: 38.
Estudios: Técnico Agrario y actualmente cursando Tecnicatura de Enología IES 9009 (Tupungato).
Hoy se desempeña en Finca Don Emilio S.A. como Jefe de Bodega en La Milonguita, y encargado de ejecutar tareas de viñedos. Su proyecto personal junto a su esposa Cintia se llama "Morelli Vino de Cava", para el cual no poseen bodega ni viñedos propios, y siempre seleccionan uva de productores del Valle de Uco.
Cantidad de vendimias realizadas: si bien la primera vendimia para su proyecto personal fue en el 2011, incluyendo la 2016, en total Cristian ya lleva 16 vendimias en su haber.




martes, 23 de agosto de 2016

Sólo quiero tu sensibilidad, Polaco


El próximo 27 de agosto se cumplen 12 años de la muerte del cantor de tango Roberto “el Polaco” Goyeneche. Precisamente gracias a sus interpretaciones, La música y la poesía del tango llegaron a mi vida desde bastante joven, allá por principios de los 90. Ir buceando dentro de sus casi cincuenta años de carrera colaboraron a que el tango me conquistara día a día cada vez más, porque además me motivó a acercarme a otros cantores, orquestas o escritores de este género que tanto nos representa, que muchas veces no valoramos como tal, o quizás nos lleva varias décadas.
No soy especialista en música, pero desde mi humilde conocimiento creo que el tango no es un género musical más: sus letras hay que entenderlas y saberlas “decir”, no alcanza con buena entonación e impostar una voz gruesa. Comprender el mensaje que quiso plasmar cada autor, desmenuzarlo renglón a renglón, y transmitirlo de manera única y transparente, como hacía “el Polaco”, de manera que quien lo escuche lo sienta en lo más profundo, parece simple pero no lo es. Inclusive, en la última parte de su carrera, aunque Goyeneche ya no contaba con el “lustroso caudal” de su juventud, eso no le impedía mantener la agudeza y sensibilidad en el momento de la interpretación.
Puedo trazar cierto paralelismo entre la letra y la música del tango con algunos vinos actuales, que por suerte en los tiempos que corren son cada vez más. El enólogo o productor, un “artista” que deja transparentar mucho dentro de cada botella: el lugar, un instante, una historia. Posiblemente, de entre todos aquellos que beban ese vino, algunos podrán disfrutar quizás más que otros, y seguro que ello tendrá que ver con la experiencia o el nivel de interés de cada consumidor.
Creo que cada una de las personas que se encuentra en la cadena que une al productor que elabora un vino con el consumidor que lo adquiere y lo bebe tiene que tener la misma sensibilidad que tenía “el Polaco” para entender esas sutilezas y poder comunicarlas con la suficiente claridad y pasión que, a quien reciba el mensaje, además de apreciarlo con sus sentidos, lo impulse a comprender y disfrutar de algo más profundo. Desde luego, ese producto tendrá un matiz para diferenciarse y deberá otorgar eso más profundo.
Suelto mi pensamiento al aire para que sea escuchado o leído por un comercial, un responsable de marketing, un vendedor, un comunicador —profesional o no—. Al menos así lo siento yo, desde mi pequeño lugar que ocupo dentro de esta cadena. Sólo deseo, al igual que “el Polaco”, llegar a viejo, sin importar todo lo que pueda perder porque ello ocurra, pero sí contar con la sabiduría para fortalecer y agudizar mi sensibilidad, y poder comunicar de la manera más pura posible, para así acercar y colaborar a que más gente disfrute del tango... perdón, quise decir de la “poesía del vino”.



martes, 19 de julio de 2016

"Caelum, blancos preparados para crecer"


                         


Son muy pocos los consumidores que, al momento de definir la compra de un vino blanco, lo piensan para guardar. Uno de los “mandamientos del vino” parece indicar que los blancos deben beberse al poco tiempo que se los adquiere y que, cuanto más baja su temperatura para el servicio, mucho mejor. Esto ha llevado a que muchos únicamente lo tengan en cuenta para consumir en verano; casi que, si no se tiene un freezer cerca, está prohibido pensar en ellos. Algunos aplican una regla bastante similar también para los vinos espumantes. 


Cuando acerco la lupa a la góndola, encuentro que el porcentaje de gama media y alta es bastante menor respecto al total de las alternativas de blancos. También es cierto que el mayor precio no me garantiza que pueda poseer potencial de guarda. En definitiva, dependemos de las intenciones del productor en hacer un vino que a mediano o largo plazo pueda crecer en complejidad, y por supuesto nosotros tenemos que ser capaces de identificar esa cualidad para tomar la decisión de guardarlo o no. Durante muchos años —creo que equivocadamente— otro mandamiento asociado a esta cuestión era que debían cumplir con una notoria crianza en madera, en boca debían ser pesados, y en la mayoría de las veces elaborados con uvas chardonnay. 


El crecimiento en la calidad, diversidad y búsquedas de nuestros vinos en los últimos años es muy significativo, al punto que a veces, si los compradores no estamos bien informados, nos cuesta estar al tanto de todo. De la amplia paleta de consumidores, la mayoría adquiere sus vinos en canales como supermercados o plataformas de ventas online, que seguramente están lejos de brindar el asesoramiento o información necesarios; por lo tanto, si el consumidor no dedica tiempo extra a investigar, seguramente empiece a perderse buena parte de la película que nuestra industria nos ofrece año a año.



                           



No quería dejar de ubicarlos dentro de este escenario, antes de compartir la nutritiva experiencia que tuvimos recientemente cuando hicimos dos catas verticales con blancos de la línea reserva de Bodega Caelum, guiados a través de una comunicación vía Skype por Giuseppe Franceschini y Hernán Pimentel, enólogo y propietario de la bodega, respectivamente. Según mi opinión, “el tano” Giuseppe Franceschini es uno de los elaboradores que mejor entiende esto de hacer blancos para guardar. Hace años que lo sigo, no solamente por sus elaboraciones en Caelum sino también por su proyecto personal Bacán y por muchos otros que asesora.


Bodega Caelum está ubicada en Agrelo, Luján de Cuyo, y es un proyecto familiar que nació en 2009; posee 30 hectáreas plantadas en la región, en parte minoritaria utilizadas para sus propios vinos y en parte mayoritaria para abastecer a otros productores. De las etiquetas que degustamos y pasaré a detallar a continuación, hasta la cosecha 2011 fueron elaborados con uvas provenientes de fincas de terceros, en el Valle de Uco; del 2012 en adelante, de las propias en Agrelo, recién mencionadas.


                        

Los vinos se degustaron en dos tandas, tres copas servidas al mismo tiempo, con intenciones de que la comparación entre las diferentes cosechas pudiera ser más efectiva. Se probó, en la primera tanda, Caelum Chardonnay Reserva 2009, 2010 y 2011; y en la segunda, Caelum Fiano Reserva 2012, 2013 y 2014.



Algunas apreciaciones


— En ambas mini verticales los vinos más interesante por complejidad y estado fueron los más añejos, es decir, el Chardonnay 2009 y el Fiano 2012.


— Otro punto interesante es que en todos los vinos se podía encontrar una fruta con buena maduración, digamos “dulce”, pero excelentemente equilibrada con una atractiva y presente acidez. Atención a este tema: fruta madura/dulce en vinos que a su vez son bien secos, sin azúcar residual, de PH muy bajo. “El tano” comentó que la clave de este equilibrio entre densidad, dulzor y acidez obedece a la composición de los suelos de Agrelo, junto con el trabajo del viticultor, desde luego. 


— Si bien todos los vinos poseían crianza en barrica de roble (nueva, de primer, segundo o tercer uso, o una combinación entre éstas), en ningún caso la madera opacaba la fruta; al contrario, aportaba complejidad desde lo aromático, pero sin anularla.


— La vivacidad y entereza de todos los vinos me sugieren que, obviamente bien guardados, podrían seguir creciendo. Para ser franco, mi falta de experiencia no me permite precisar cuánto tiempo más. Según “el tano”, pueden tener una buena vida entre 7 y 15 años, algo lógico teniendo el cuenta que el chardonnay 2009 ya con siete encima llegó muy bien. Imagino que cada caso será particular y tendrá que ver con las condiciones del año: por ejemplo, mientras el “chardo” 2010 se destacaba por un plus de frescura extra y el 2011 por ser algo más potente; en el caso de los Fiano, si bien el 2013 sobresalía por lo expresivo, la experiencia de Giuseppe afirma que el 2014 será, en el futuro, el mejor de todos. Algo para agregar: el Fiano 2012 comenzaba a tener aromas que, además de minerales, me recordaron a los típicos hidrocarburos que solemos encontrar en los riesling con cierta evolución.


— Un punto no menor: tan importante como una buena copa, es la temperatura del servicio. Uno piensa en la temperatura de un blanco quizás entre 6 °C y 10 °C, pero creo que el mejor punto en éstos es entre 10 °C y 12 °C, dado que la mayor temperatura colabora a una mejor expresión aromática de las sutilezas producto de la crianza. Cabe aclarar que la frescura natural en boca ayuda al desplazamiento suelto del vino.
Con respecto a la elaboración, Hernán comentó que para mantener la identidad de los vinos, excepto en la 2016 que por cuestiones climáticas tuvo una maduración muy diferente a la habitual, siempre eligieron crear las condiciones necesarias para evitar la fermentación maloláctica (FML); vale destacar que, como la fermentación alcohólica (FA) suele hacerse en barrica, tiene que utilizar enfriadores para que la FML no se dispare espontáneamente. Giuseppe agregó que la FA en barrica integra todo mucho mejor, haciendo referencia a la parte tánica y aromática. 


Hablando de roble, nos adelantó que comenzarán a utilizar toneles de 600 litros —más volumen, menos impacto desde lo aromático—, y que los eligió en función de los bosques de donde provienen. Giuseppe no habló de tonelerías ni de tostados, hizo hincapié en los bosques de origen; evidentemente es una variable fundamental y que por lo visto conoce bastante, no sólo porque lo escuché disertar en varias oportunidades sobre este tema, sino porque sus vinos lo confirman. Tal como les comenté al principio, sigo sus elaboraciones en todos los proyectos, y el uso de este recurso suele reflejarse siempre con mucho equilibrio.
El fiano es un capítulo aparte. Poco y nada sabemos de esta variedad típica de Sicilia (Sur de Italia). Franceschini les sugirió a los Pimentel que la plantaran aquí, ya que creía que se adaptaría muy bien, y día a día confirmamos que no se equivocó. Caelum tiene plantada sólo una hectárea y media de fiano en Agrelo; hasta donde mi memoria alcanza, sólo recuerdo que los Zuccardi también tienen plantado para la línea Innovación de Santa Julia, pero en el Este mendocino (recuerdo haberlo probado, y era un buen vino, pero bajo otro concepto, pensado para beberse joven, diferente a las intenciones de hacer algo de guarda como en el caso de Caelum). 


Otra característica de la variedad es que no se destaca precisamente por la intensidad aromática (quizás por ello nunca otros productores la tuvieron demasiado en cuenta), pero sí se destaca por tener buena estructura en boca, profundidad, y acidez natural. Dichos atributos son los pilares fundamentales para la guarda, y seguramente los que motivaron a Franceschini al momento de tomar la decisión de plantarla.


Algo que me llama la atención es que las dos blancas que “el tano” planta en Agrelo son la clásica chardonnay, reina de las blancas, de fácil adaptación al clima de Mendoza, y fiano, por los motivos detallados anteriormente. Sin dudas, Giuseppe, quien aún no era gran conocedor de nuestro terroir, no confiaba en el potencial del sauvignon blanc: necesitó pocos años para descubrirlo, entenderlo y ubicarse hoy entre los que mejor la saben interpretar en nuestro país; me refiero al Bacán, la etiqueta de su proyecto personal.


En marzo pasado escribí una pequeña nota que aquí les vuelvo a compartir, la cual surgió luego de probar diversas añadas de los Espumantes Eclat, también pertenecientes a bodega Caelum. Además de encontrar muchos puntos en común entre ambas catas y conclusiones, se refuerza mi admiración por las familias productoras como la Pimentel, que, fiel a su gusto, principios o “filosofía”, optan por elegir un camino más complejo para sus elaboraciones, sin importar que sea el más difícil, o el que necesite de más tiempo o atención para ser valorado. Así evitan caer en estándares obvios, muchas veces más fáciles de comprender y, por ende, de vender.


                                    


viernes, 3 de junio de 2016

#ElVinoEnVinotecas: Pain et Vin


En un mercado de vinos que en los últimos años fue creciendo vertiginosamente en variedad, calidad y volumen, como consumidor interesado en conocer y aprender, cada día valoro más la función de las vinotecas especializadas. Estos lugares suelen ser el primer punto donde, a partir de la degustación o recomendación, se puede concretar el acercamiento a las novedades. A ello también me gustaría sumar la relación que se va consolidando entre el vendedor y el cliente: el primero comienza a entender las preferencias y el gusto del segundo, y por eso puede sugerir y colaborar siempre a compras más inteligentes, disminuyendo el margen de error.




En el marco de la movida #ElVinoEnVinotecas, llevada adelante por #BloguerosEnSuTinto, quiero contarles sobre una de las vinotecas que suelo visitar. Se llama Pain et Vin; está ubicada en el corazón del Barrio de Palermo y cuenta con una variada selección de vinos, en su mayoría provenientes de pequeñas bodegas y partidas limitadas, lejos de las etiquetas masivas que pueden encontrarse en supermercados o en las típicas cadenas de vinotecas. Tan o más importante que su selección, es su conductora, Eleonora Jezzi Riglos, dueña y sommelier, una persona muy empapada en el tema. Si bien Paint et Vin abrió sus puertas hace tres años, desde el 2008 que “Ele” —como me gusta decirle— se desenvuelve en diferentes áreas de bodegas, restaurants y vinotecas, en donde adquirió nutrida experiencia, que hoy está a la vista en su proyecto propio.
Para que conozcan algo más a “Ele” y a Pain et Vin, me acerqué a su vinoteca y ella en persona me respondió algunas preguntas:
Yo conozco más a fondo Paint et Vin Vinoteca, pero ¿con qué se pueden deleitar quienes se acerquen y deseen quedarse en el salón, además de ricos vinos?
Abrimos un lugar en el que tuviéramos ganas de quedarnos y de volver. Los vinos que ofrecemos por copa no son producto de tratos con bodegas; abrimos varias gamas y varios tipos de vino por día, seleccionados por nosotros y siempre diferentes. Tenemos la convicción de que la única manera de comunicar estos vinos es descorchando y compartiendo. Podés comprar una botella, tomar la mitad y llevarla. Podes hacer flights (tres medias copas siguiendo diversos criterios, por ej., tres malbec de diferente región o subzona). Esto lo acompañamos con tablas de quesos (individual, para compartir y grande) o variedad de sándwiches y ensaladas, en las que claramente otra vez el pan es el protagonista de la carta.




Por la ubicación, imagino que deben visitarlos un alto porcentaje de turismo
El 75% es turista o “expat”, es decir, personas que son del exterior, pero viven y trabajan en Buenos Aires. Vale destacar que gran parte de ese público llegó por el pan que elaboramos, que es de fermento natural y a leña, único en Buenos Aires.


¿Hacen degustaciones y con qué frecuencia?
Hacemos degustaciones privadas con reserva generalmente a personas del extranjero que están viajando y quieren probar un poco de nosotros a través del vino. También, eventualmente, por alguna reunión de amigos, cumpleaños, etcétera. En cuanto a las degustaciones al público, la mayoría son presentaciones de bodegas cada dos semanas, sin día fijo. Otras veces armamos catas más reducidas; por ejemplo, algo especial como puede ser una vertical, no se puede abrir a todo el mundo, y nos gusta llamarla “la mesa chica”. También hacemos la “Escuela de Vinos”, que es a ciegas y por cuatro encuentros, tanto en castellano como en inglés, nivel 1 y nivel 2.


¿Qué figuras del mundo del vino pasaron por tu vinoteca?
Muchos. Enólogos, gerentes de bodegas, sommeliers. ¿Hay que nombrar? (risas). No quiero. Entre otros, Matías Michelini, Juanma de De Ángeles, Thibault de Lurton, los Rolland, Ernesto Catena...
¿Cómo definís la selección de etiquetas que comercializás?
Vendemos los vinos que nos gustan. Se nota fuerte la mano en la selección. Creo que la sommellerie es en cierto modo una curaduría. Claro que queremos vender, pero no cualquier cosa. Nos gustan los proyectos por sus vinos, claramente, pero también por la gente que los hace, por sus historias, sus anécdotas, porque son auténticos, porque representan el lugar en el que nacen, etcétera. Mantenemos una góndola pequeña donde quien se acerca puede comprar y beber a precio vinoteca, con un mínimo descorche (que no cobramos a los locales), donde el consejo o asesoramiento es bienvenido y hasta necesario. No tenemos vinos que haya en un supermercado.
Entiendo que es una pregunta difícil, Pero ¿podrías elegir cuatro o cinco productores de vinos y darme un motivo por el cual elegiste a cada uno?
De Ángeles, primero; por todo lo que enumeré anteriormente referido a historia, apuesta y, sobre todo, nobleza. También reivindico a Michel Rolland, “a muerte”, por haber apostado y traído a los franceses, y armar esa locura que es el Clos. A los “Miche”, por su audacia y por refundar Tupungato. A Bonomi, porque me emociona todo lo que dice y hace. A los Zuccardi, por creer en el país, y a sus hijos, que están revolucionando nuestra historia del vino.

Vinoteca Pain et Vin
Responsables: Ohad Weiner cheff // Eleonora Jezzi y Pablo Mayaud Maisonneuve somms.
Dirección: Gorriti 5132 (Palermo/CABA)
Teléfono: 4832-5654
Horarios: martes a sábado de 12 a 22 hs / domingo de 12 a 19 hs
Mail: info@pain-et-vin.com
Redes sociales:@painetvin // Instagram ídem // Facebook Pain et Vin Buenos Aires





lunes, 25 de abril de 2016

Cara Sur, la belleza del lugar y las personas



Desde que conocí hace tres años los vinos Cara Sur, la historia de sus hacedores y el lugar de donde provenían sus uvas (Barreal) —hasta ese momento desconocido para mí—, enseguida comencé a tener referencias de su belleza. Por eso, en la primera oportunidad que tuve no dudé en acercarme a esa localidad ubicada más precisamente dentro del Departamento de Calingasta, Provincia de San Juan. Cara Sur es un proyecto pequeño: en la actualidad cuenta con apenas tres etiquetas. En el 2016 promete varias más y alcanzar una producción total de 7.000 botellas.
Coordiné con anticipación una visita a Francisco “Pancho” Bugallo, uno de los cuatro pilares del proyecto y seguramente la cara más visible. El encuentro fue en su casa, ubicada a pocas cuadras del centro de la pequeña localidad. Ni bien llegué tuve esa sensación de que Pancho tenía mucho para contarme. Con una fuerza tranquila similar a la de sus vinos, le dio prioridad a la charla describiéndome las características del lugar y presentando al Valle casi como si fuera el principal protagonista del proyecto: “El Valle es angosto y bien longitudinal, entre punta y punta hay 85 km, y sobre su costado siempre está la cordillera; 1.750 msnm es el punto más alto, y 1.350 msnm es el más bajo; en el centro se unen un río que viene del Norte y otro del Sur, y que juntos y hacia el Este conforman el Río San Juan”.
Barreal es una localidad de apenas 4.500 habitantes. Además de esos ríos que la atraviesan, posee un fondo de montañas único. Si bien el motivo de mi viaje fue “puramente vitivinícola”, con ese marco tranquilamente podría haber sido turístico (quedará pendiente para la próxima).
La “bodeguita” se encuentra en el mismo terreno de su vivienda, la cual comparte con su esposa Nuria, quien también participa del proyecto. A pesar de no contar con una gran superficie, no falta un pequeño viñedo con franc, malbec y cabernet. Desde ese punto admiré el cordón montañoso como si lo tuviera al lado. Pancho me comentó que detrás se encuentra el principal, precisamente donde se ubica el Aconcagua. A la par de Pancho, el lugar también me hablaba.

Uno de los primeros espacios que recorrí fue una pequeña habitación sobre un costado de la casa, lugar donde hizo su primera vinificación en el año 2011 junto a su hermano Santiago; quien al poco tiempo comenzó a desempeñarse como agrónomo en Bodega El Porvenir de Cafayate. Desde ese entonces Sebastián Zuccardi y su esposa Marcela se sumaron al proyecto Cara Sur. De hecho, fue de la mano de Sebastián que en el año 2013 probé la primera botella de Cara Sur Bonarda 2013, en ese momento el único vino de la bodega.
Con los años, a medida que la producción fue creciendo, Pancho fue ampliando su pequeña bodega con otras habitaciones ubicadas de manera independiente sobre el mismo lote donde se encuentra su vivienda. Mientras que en la primera había microvinificaciones en bins plásticos, vinos conservándose en damajuanas (20, 25 y 50 litros) y algunas barricas de varios usos; en la segunda que visitamos había cuatro huevos de concreto, tres de 1.800 litros y uno de 1.000 litros. Estos son los principales responsables de contener el bonarda y la criolla, variedades de las cuales vinifica mayor volumen.


Pacho me contó: “Quiero conservar todo en huevos. Éste influye menos sobre el vino. El vinificar en huevo te hace pensar el vino desde la cosecha; a diferencia de la barrica, por ejemplo, que si tenés diez, podés tener diez vinos diferentes y de pronto la posibilidad de armar cortes”. Claramente ésta es su idea para que el vino sea más representativo del lugar: prefiere la elección de un solo momento de cosecha, un solo vino: “este año trataré de utilizar los huevos dos veces, y así duplicar el volumen de producción; por ejemplo, la bonarda 2015 fue un huevo, era todo lo que había, no hubo corte”.
Pero este año, también para la vinificación en huevo, hay un nuevo miembro en la familia Cara Sur: Invernal. Hicieron una primera prueba en el 2015, apenas 150 botellas hoy embotelladas en magnum. Aún no saben cuándo saldrá a la venta. Haber probado en primicia el Invernal 2015 en origen junto a su hacedor me llevó a comprender mejor la búsqueda de estos muchachos. De la misma cosecha de bonarda con la que habían elaborado el Cara Sur 2015, ahora hicieron este nuevo vino, pero con una importante “vuelta de rosca”. El nombre que le eligieron me indica que la historia como alpinistas de los hermanos Bugallo siempre jugará un papel importante en el proyecto. Si bien el recipiente en ambos vinos son los huevos de concreto, en el Invernal el trabajo de racimo entero y sin pisar me entrega un bonarda con más boca, con un carácter particular, más tenso y vertical. Sospecho que el tiempo lo seguirá redondeando, porque tiene atributos para ello. Vale recordar que en el primer Cara Sur, el original que ya no luce más en su etiqueta la palabra “bonarda”, solo el 40% del volumen era racimo entero al momento de la vinificación.
Pancho me confesó que Invernal es el camino que busca para Cara Sur. Habló de “camino” como si aún estuviera lejos de lograr su vino ideal: “quizás nuestro mejor vino sea cuando encontremos ese lugar en el valle, y que estemos convencidos de su potencial”. Después hizo hincapié en el lugar y remarcó la importancia de conocerlo a fondo: “hay que tener un vínculo muy cercano con la finca, no digo que tengas que ser agrónomo; es fundamental el trabajo del viticultor, trabajar la tierra, viendo la uva, interactuando con la tierra de una manera bien cercana”. Además reconoció que el valor agregado está ahí: “es un condimento vitivinícola extra, no podés hacer vino si no trabajas la uva. Somos viticultores, no somos enólogos. La idea en Cara Sur es hacer más vino con viticultura que con enología. Me vuelvo loco buscando el punto de cosecha. El tema es ‘pegarle’ a la uva, y luego ‘simplemente’ acompañar el proceso de fermentación y crianza”. Por si el concepto no queda claro: “el mejor vino que hagamos será más simple enológicamente, y con una complejidad aportada puramente por la uva que encontremos”.
A nuestra charla le llegó el turno a la criolla, segunda etiqueta que salió a la cancha de Cara Sur. Un verdadero redescubrimiento. No recuerdo otra igual entre miles de etiquetas finas que inundan el mercado. La cosechó de una finca de 20 has, pero este año descubrió un nuevo parral cercano y pudo vinificar 10.000 kg más. Si bien los diferentes sectores suelen tener distintos puntos de maduración, en este 2016 tendió a ser bastante pareja. Pacho me contó que “La criolla naturalmente tiende a tener la acidez volátil más alta que las variedades finas que normalmente vinificamos; si la dejás madurar, lo hace sin deshidratarse con un alcohol potencial de 18°, pero nuestra búsqueda es cosecharla en otro punto que no tiene nada que ver: debemos cosechar más temprano y elaborar en un medio cerrado para proteger lo más posible de la volátil; pero a su vez tiene otros beneficios al momento de la elaboración, porque el hollejo y la semilla suelen separarse fácilmente del liquido, es cómoda para trabajar. Seguramente a nuestros abuelos les facilitaba en el momento de la elaboración artesanal. Además rinde bastante más que las variedades finas en fermentación: por ejemplo, de 800 kg de criolla, puedo llegar a sacar 600 l de vino; mientras que de otras variedades obtengo 500 l”.


Mientras me contaba todo esto, Pancho agregó que todo lo descubrió con la experiencia del trabajo año a año. “En este 2016 la criolla tendrá aproximadamente 13°, casi un grado menos que en la cosecha anterior. Tendremos un vino más fresco que el pasado; esto tiene que ver con el clima, que fue bien fresco al final de la maduración, lo cual colabora con una maduración más lenta”.

No pude evitar consultar si en la región sufrieron las mismas cantidades de lluvias que azotaron recientemente a buena parte de Mendoza. Y él me contestó: “A pesar de estar relativamente cerca, Barreal es bastante diferente a San Juan y Mendoza; aquí no hubo lluvias”.
Cuando le confesé mi sorpresa acerca de que recién ahora empecemos a tener conocimiento de un lugar de altura en el que desde hace muchos años se cultiva uva, él me dijo, casi con bronca, que “San Juan castigó a este lugar, desde los caminos para llegar, hasta el punto de publicar en medios locales que por las heladas Calingasta no es zona apta para la vitivinicultura”.
Con estos vinos, las pruebas de que esto no es así están a la vista. Probé bastante más dentro de la bodeguita: había vinificaciones de malbec de diferentes parajes, syrah, moscatel y rosados —hasta donde recuerdo—. Está confirmado que el syrah 2016 saldrá al mercado este año. Me traje una muestra de malbec 2015 de La Puntilla, que nunca salió a la venta, y que me encantó, lo cual me confirma el potencial de la región. Con respecto al moscatel, el año pasado ya habíamos tenido una partida muy limitada de uno negro que por sus características lo ubico como un “fuera de serie”, el cual creo que repetirá. En la 2016 Pancho también apunta a un moscatel blanco con intenciones de hacer uno macerado (naranja), y otro no; tarea difícil en una bodega tan artesanal: evitar las oxidaciones, sobre todo cuando en el proyecto es esencial hacer vinos naturales, con la mínima intervención: “vino de uva y nada más”, dijo con orgullo Pancho.
Paralelamente al crecimiento de Cara Sur, está empezando a resurgir la parte vitivinícola en la región. Hay gente plantando viñedos, y cada vez más inversiones: “sería bueno que en el tiempo esta actividad siga creciendo. No será tan rentable como otras actividades, pero es sustentable; eso sí, a diferencia de otras, requiere mucha mano de obra”, me comentó Pancho.
Según me contó, dentro del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) Pancho está llevando adelante un proyecto junto a otros productores vecinos, con intenciones de hacer un trabajo que tiene que ver más con lo social: “la idea es que la gente tome más vino del lugar, que acompañe desde la producción el trabajo de finca, que se involucre, que lo sienta propio”.
Además, en los últimos años asesora cada vez más proyectos en la región, algunos grandes, pero nunca pierde el foco para tenerlos alineados con los más pequeños o con el propio. Incluso, supongo que al conocer a fondo más lugares, tendrá cada vez más precisión sobre qué puede ofrecer cada uno de ellos. Recordemos que en la región son aproximadamente 160 las hectáreas plantadas, de las cuales las más antiguas son 30 y están en parrales. Precisamente allí Cara Sur concentra el 80% del proyecto.
Mi visita a Barreal coincidió con el Domingo de Pascua y duró apenas un día. Fui desde Potrerillos (Mendoza), desde donde viajé 168 km de ruta, de los cuales 30 fueron de ripio. Cerca del mediodía, comencé mi jornada visitando a Andrea y a Juan Pablo, un matrimonio de productores artesanales de la región que hacen un vino llamado Constelaciones, a quienes les presentaré más adelante. El encuentro con Francisco “Pancho” Bugallo fue ni bien entrada la tarde y terminó cerca de la medianoche. No se extendió más porque a la mañana siguiente, muy temprano, debía emprender mi regreso hacia Buenos Aires, que duraría entre ruta y autopistas cerca de 14 horas. Tiempo suficiente para procesar a fondo todo lo vivido, que tan “fresquito” llevaba en mi memoria, y que desde mi humilde experiencia me permite llegar a algunas conclusiones.
Cuando uno charla con productores y comparte sus vinos, puede o no encontrar un hilo conductor: el lugar, las personas, sus historias o filosofía de vida. Cuanto más nítido se percibe ese hilo conductor, más personalidad tienen sus vinos o el proyecto en sí. Así como Pancho decía que la diferencia está en el valor agregado, “en el trabajo de viticultor”, en el eslabón de esta cadena que me toca estar, y que me da la posibilidad de probar gran variedad de vinos, la coherencia entre el vino, su hacedor y el lugar es lo que hace que un proyecto sea único y pueda traspasar la vara del muy bueno, a la que por suerte ya muchos vinos de nuestro mercado han llegado. Ese es el valor agregado que destaco cuando pruebo los vinos de Cara Sur, y descubro absoluta coherencia entre ellos, las personas que lo hacen y el bello lugar que es Barreal.




Datos personales

Mi foto
Fernando// 15 4171 8019 fernandovinos@yahoo.com.ar